Junto con los vinos, la verdadera ‘joya’ de FINCA LORANQUE es su bodega centenaria, restaurada preservando su estructura y tipicidad, enclavada en un edificio declarado Bien de Interés Cultural, dentro de una casa de labranza del siglo XVIII.
Perfectamente integrado en el terreno y rodeado de viñas y olivos centenarios, el edificio atesora el tipismo de la arquitectura de ladrillo toledana, donde se erige como auténtico protagonista el artesonado de madera original que recorre la nave de elaboración y crianza, además de las bien conservadas tinajas de barro en las que originariamente se ‘curaba’ el vino.









